El cómic durante la Guerra Civil Española

Maravillas

El surgimiento de la Guerra Civil española supondrá una parada de la efervescencia editorial que el mundo del cómic había vivido durante los años anteriores. En sus inicios, intentarán mantenerse en el mercado revistas ya consolidadas con anterioridad, pero este medio se irá convirtiendo paulatinamente en un vehículo ideológico al servicio de cada bando. Surgen así historietas como “El Pueblo en Armas” (1937), considerada por los críticos uno de los mejores ejemplos de tebeo propagandístico republicano de la Guerra Civil; “Pionero Rojo: semanario de los niños obreros y campesinos”, con escaso valor artístico y narrativo pero con un marcado carácter político o Pionerín, con colaboraciones infantiles que reflejaban su percepción sobre la guerra.

Pionero Rojo
Pionero Rojo

En el bando nacional, la primera publicación de carácter propagandístico fue la revista Flechas, autodefinida como Semanario Infantil de Falange Española de las JONS de Aragón; también la revista Pelayos, que finalmente se acabará uniendo a la anterior para formar el semanario “Flechas y Pelayos”.

A pesar de estos intentos por utilizar el cómic como medio propagandístico e ideológico, los expertos coinciden en que no fue especialmente explotado como arma política fundamentalmente por su asociación al público lector infantil y su concepción como espacio de entretenimiento para los niños.

Flechas y Pelayos
Flechas y Pelayos

Al término de la Guerra Civil española, el mundo editorial se encontrará con importantes dificultades que afectarán también al tebeo: aparece la censura y son evidentes los efectos de la carestía de medios imperante en la postguerra. En este contexto continuará publicándose, bajo la protección económica oficial, la revista “Flechas y Pelayos”, aunque también reaparecerán revistas que habían desaparecido con el inicio de la guerra como “TBO”, que volverá a publicarse en 1941.

Durante la época franquista, además de asentarse las publicaciones dentro del género aventurero y del género costumbrista, se romperá el monopolio ejercido desde Madrid y Barcelona en la edición de comics con la irrupción de la producción valenciana.

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