El origen del cómic

Gente Menuda
Gente Menuda

A medio camino entre la novela y el cine, el cómic es considerado el 9º arte. En sus más de cien años de historia ha ido evolucionando hasta convertirse en un importante modo de narrar, de una manera atractiva y original.

A lo largo de su historia, este tipo de textos ha recibido distintos nombres. El más tradicional quizás sea el de historieta, que ha convivido con el término de origen inglés cómic. Hoy en día, se suele emplear la denominación de novela gráfica para las historias largas de temática no infantil. Pero quizás uno de los más originales nombres que recibe este tipo de narraciones visuales es el de tebeo. Este nombre, el más utilizado en España durante décadas, proviene de TBO, título de una de las primeras publicaciones que popularizó el uso de historietas en nuestro país.

El antecedente del Cómic

Narrar con imágenes es una técnica muy antigua. Ya desde la Antigüedad, la representación gráfica de las historias era muy habitual. En este sentido, se consideran antecedentes del cómic obras como las pinturas rupestres, las vasijas griegas o la columna trajana de Roma, en la que el emperador Trajano mando esculpir la narración de su victoria sobre los dacios. En la Edad Media, las iglesias y catedrales se llenaron de relieves que intentaban acercar las historias bíblicas a un público analfabeto. En algunos tapices medievales se incluyen incluso textos que acompañan a las imágenes y las complementan.

Pero no podríamos hablar de cómic tal y como lo entendemos hoy hasta el siglo XIX, en el que surgen en los periódicos neoyorquinos los primeros personajes, entre los que destaca The Yellow Kid (El Chico Amarillo), que surgió de la mano de Richard F. Outcault en 1895. Eran todavía unas viñetas muy primitivas en las que ni siquiera existían los globos o bocadillos en los que hablan los personajes. En este caso, el texto aparecía al pie de las viñetas o en el mismo traje del chico amarillo.

The Yellow Kid
The Yellow Kid

El Cómic en España

En lo que se refiere a España, se identifica como la primera historieta española a la “Historia de las desgracias de un hombre afortunado” (1857), del militar vasco afincado en Cuba Víctor Patricio de Landaluze, publicada en el nº 6 (20-IX-1857) de La Charanga, una revista cubana, que entonces era territorio español.

En la España peninsular, los primeros ejemplos encontrados no son anteriores a 1864, citándose a autores como Luis Mariani Jiménez en Sevilla o Salustiano Asenjo en Valencia y, ya en los setenta, a Francisco Cubas, Tomás Padró y José Luis Pellicer. Publicaban en revistas satíricas como La Flaca (1869-1876) y sobre todo El Mundo Cómico (1873).

A principios del siglo XX, surgen revistas infantiles como “En Patufet” (1904), publicación editada en catalán en la que trabajaron los dibujantes de primera línea de la época y que contó con multitud de seguidores; también destacaron los suplementos infantiles de periódicos como ABC (1906), bajo el título inicial “Gente Menuda”. No obstante, los expertos consideran la serie El suero maravilloso de Robledano publicada en 1910 en la revista para niños “Infancia” como la primera historieta española con globos de diálogo. Estaban surgiendo entonces multitud de revistas infantiles como Dominguín (1915), Charlot (1916) y sobre todo TBO (1917), la primera que gozó de gran difusión (220.000 ejemplares en 1935) y que, a la postre, generó el nombre con el que se ha conocido al medio en España.

Durante la década de los veinte, la revista TBO se enfrentará a un gran competidor: la revista Pulgarcito (1921) publicada por la editorial barcelonesa El Gato Negro (Bruguera), con un precio de cinco céntimos.

Pulgarcito
Pulgarcito

Los años treinta supondrán la consolidación del cómic como objeto de consumo popular y el afianzamiento de la producción española; mientras TBO continúa su escalada, se establecen en el mercado otras revistas como Pocholo. Pero poco a poco se irá haciendo más evidente la influencia del estilo norteamericano, apareciendo las primeras traducciones de comics de aventuras de producción norteamericana. En este sentido, van adquiriendo fuerza editoriales como Hispano-Americana de Ediciones con títulos como Yumbo (1934) o Aventurero, que publica los episodios de Flash Gordon de Alex Raymond y las aventuras de Tarzan de Harold Foster. En la misma línea, la Editorial Molino publicaba en 1935 la revista Mickey que contenía materiales de la casa Walt Disney.

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