El cómic adulto de la Transición

El Jueves

Durante la transición, el cómic español alcanzó su cumbre, nunca se han vuelto a leer ni a vender tantos tebeos como en aquella época;  y las revistas de historietas no han vuelto a tener tanta influencia en la cultura.

No habrá ruptura con en el pasado sino transición, lo que permite subsistir a antiguos cargos, grupos ideológicos e incluso estructuras de poder procedentes del franquismo. Y si bien es poco, parece suficiente, ya que la sociedad española va a evolucionar aceleradamente y al hacerlo también evolucionan todos los productos culturales fruto de esta sociedad. Lógicamente también la historieta y los tebeos. En 1977 se cierra definitivamente toda una etapa de la historia del cómic español, que a las editores de siempre (Bruguera, Toray, Valenciana, Rollán, Don Bosco, Vértice, etc.), les pilla de improviso.

El Jueves
El Jueves

Se inicia entonces una nueva etapa para la historieta española, para los profesionales y también para los lectores. Si bien primero se deberá superar el pasado… ya que se viene de los años del casi monopolio del quiosco por la Editorial Bruguera y del adocenamiento del tebeo español; de la casi hegemonía del cómic infantil, a costa del manoseo de la sensibilidad de los niños; de la constante repetición de fórmulas y clichés caducados mucho antes; de la explotación de los autores y los lectores por un sistema industrial anticuado, escasamente estructurado y con una deficiente financiación; de una normativa oficial que censura y al mismo tiempo protege a los editores frente a  la competencia extranjera; de la negación de la existencia de un grupo lector de historietas adulto; de la inexistencia de soportes dignos y de calidad para una historieta española nueva.

El momento de máximo esplendor del cómic para adultos (el llamado “boom”) tendrá lugar tras la muerte de Franco, gracias a un auténtico aluvión de revistas: Totem, Blue Jeans, El Jueves y Trocha, todas de 1977; Bumerang y 1984, ambas de 1978; Creepy y El Víbora, en 1979; Comix internacional, Delta y Bésame Mucho en 1980; Cairo, Cimoc, Sargento Kirk, Metal Hurlant y Rambla, todas de 1981, y Makoki y Vértigo, en 1982.

Revista Totem
Revista Totem

Las revistas de contenido satírico, ilustradas por autores como Ivà, Ja, José Luis Martín u OPS, se arriesgaron a represalias como el atentado que el 20 de septiembre de 1977 sufrió la redacción de El Papus. Otras cultivaban la ciencia ficción y la fantasía, en muchas ocasiones con un erotismo exacerbado, y se dedicaron primeramente a dar a conocer el cómic adulto editado en el extranjero, incluyendo el de autores españoles, como 5 x infinito (1967), Mara (1971), Las crónicas del Sin Nombre (1973) o Hom (1975), que todavía no había sido editado en el país. Finalmente, también proliferaron los tebeos estrictamente eróticos, generalmente de pésima calidad, aunque pueda citarse alguna excepción como Muerde (1976).

Ya en los 80 se distinguía una “línea chunga” representada por El Víbora y Makoki, y la “línea clara” de Cairo, lo que dio pie a agrias polémicas reflejadas en manifiestos como “Ante un conato de degradación del significado cultural del cómic” (1983) y “Manifiesto contra la exposición Tintín y Hergé” (1984), dirigida contra la exposición “Tintín en Barcelona” que iba a tener lugar en la Fundación Joan Miró.

Revista Makoki
Revista Makoki

Surgieron, en este clima, nuevos dibujantes como Mique Beltrán, Ceesepe, Guillem Cifré, Gallardo, Pere Joan, Mariscal, Max, Micharmut, Nazario, Roger, Scaramuix, Sento o Daniel Torres. Aprovechando la coyuntura favorable, también se establecieron en el país los argentinos Horacio Altuna y Juan Giménez. En general, los dibujantes del período quedaron subyugados por el concepto de cómic de autor, lanzándose a escribir sus propios guiones.

Tal variedad de autores y tendencias legó series tan conocidas y diferentes como Paracuellos (1976); Makoki y ¡Dios mío!, ambas de 1977; Makinavaja, Anarcoma y Grouñidos en el desierto, de 1979; Zora y los hibernautas e Historias de taberna galáctica (1980); El Mercenario, Nova-2, Bogey, Frank Cappa y Torpedo 1936 (1981), Cleopatra, Maese Espada y Taxista en 1982; Peter Pank y Roco Vargas en 1983; Hombre (1984) y Las aventuras de Dieter Lumpen (1985).

Es entonces cuando podemos hablar de la consolidación de la proyección internacional del cómic español con la creación de diferentes salones, jornadas y encuentros como el Salón Internacional del Cómic de Barcelona (desde 1981), el de Gijón (desde 1976) o el de Bilbao (desde 1977).

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